martes, 17 de enero de 2017

“Mosén Bruno es toda una leyenda en el valle de Chistau y en el Pirineo Aragonés”

ENTREVISTA. MAXI CAMPO, GUIONISTA DE ‘DESCUBRIENDO A MOSÉN BRUNO’. Oscar Senar
El cineasta Maxi Campo da el salto al cómic en buena compañía: con los lápices de Carlos Azagra, los colores de Encarna Revuelta y el aura de mito de Mosén Bruno. El particular párroco de Saravillo, inmortalizado por la canción de La Ronda de Boltaña, protagoniza un tebeo que deja a la altura del betún cualquier antología de chistes de curas.
¿Cómo cae en tus manos la historia de Mosén Bruno?
Soy natural de Ainsa, en la Comarca del Sobrarbe, y de la historia del cura había oído cosas desde que era un niño. Al haber sido tantos años el cura de Saravillo, y con esa forma de ser y procedimientos tan peculiares, Mosén Bruno es toda una leyenda en el valle de Chistau y en el Pirineo Aragonés.

¿Y cómo te decides a llevarla al cine?
Hace unos seis años, metido ya en el mundo del cortometraje y tratando de encontrar motivaciones de futuro y proyectos viables, me interesé por personajes populares de la montaña, y Mosén Bruno fue de los que más documentación encontré: dos libros con poso, uno de ellos de 1924, la canción que le dedicó La Ronda de Boltaña, un centro de interpretación propio en Saravillo… Tenía al personaje y sus divertidas anécdotas. Mi pasión por el cine, por la ficción, y el deseo de rodar algún día en el Pirineo hizo el resto. Tuve la idea esperando en el cajón hasta que vi ‘Para qué sirve un oso’, una película española que me gustó mucho, en la que actúa Jesse Johnson entre otros, y me dije, “¡Ya lo tengo todo, quiero a ese actor!”. Con su rostro como referencia me senté a escribir y desarrollar el guión.  

¿Por qué contarlo a través de la visión de un ‘forano’? ¿Por aquello de que los de fuera dan más importancia a lo nuestro que nosotros mismos?
Bueno, por un conjunto de cosas. La principal es que no podía pensar en una película ambientada en el s. XIX porque eso es muy caro y además extraordinariamente difícil de hacer que resulte creíble, por lo que necesitaba que la historia tuviera lugar en la actualidad. Siendo actual el interés por el personaje, más importancia y dimensión tendría si ese interés viniera de fuera, y para mi un americano es un tipo que viene de muy lejos, sale de la tierra de las oportunidades para llegar al Pirineo Aragonés, demostraba ser un tipo valiente y con gusto. Y lo hacía con su propia cámara de cine, lo que permitía y justificaba que las recreaciones de época que realizara el personaje con los vecinos fueran domésticas. Y luego, la idea de que detrás del viaje del joven estuviera la figura de su abuela con pasado aragonés que un día emigró a los Estados Unidos y que ahora sentía nostalgia de su tierra, me permitía hacer un guiño a mi querida abuela Nieves, nacida en Formigales y que no emigró a ningún sitio, pero por la que hubiera hecho igual que el personaje de Richard hacía por la suya, lo que hiciera falta para verla feliz.

De las pantallas a las viñetas... ¿Recibiste una oferta irrechazable de nuestro editor?
Sí, fue la sorpresa de la noche. Tras terminar la proyección del estreno en el Teatro de las Esquinas de Zaragoza, conversando con la gente, se acercó un hombre muy amable y risueño  (espero que le haga gracia) que me dijo que la película le había gustado mucho y que el personaje era perfecto para hacer un cómic, que él era editor, que si me apetecía embarcarme en el proyecto como guionista. “¡Te lo puedes creer!”, pensé. Un año y medio antes, cuando buscábamos financiación para el proyecto junto con mi amigo Ismael Juste, el cortometraje lo integrábamos dentro de un idílico plan de comunicación transmedia, que incluía material documental adicional, web interactiva, exposiciones, y… ¡el cómic!. Llegamos a quedar con algún profesional para informarnos sobre el funcionamiento de este mundo para nosotros desconocido, pero si aún no teníamos claro si íbamos a acabar haciendo el corto, como íbamos a pensar en algo más de ese empaque. Era demasiado ambicioso. Nos olvidamos. Y de repente ahí estaba, frente a Daniel Viñuales, tratando de que no se me notara que estaba acojonado y diciéndole a todo que sí. Una oportunidad así no se debe desaprovechar.

Supongo que todo es más fácil si te dicen que cuentas con el dúo Azagra/Revuelta en el apartado artístico...
Eso ya es la releche. No tengo palabras. No me hubiera atrevido a imaginarlo. Crecí en el bar de mi padre (Restaurante 88, en Ainsa) y en el rincón de la barra siempre estuvo la Interviú y El Jueves, revistas de las que disfrutábamos todos, así que la infancia, y la adolescencia las pasé viendo y leyendo semanalmente sus historias, hábito que alargué una buena época, identificando sus ilustraciones, sus personajes, por lo que sabía perfectamente de su importancia. Por suerte ellos son ya unas eminencias en mundo del cómic, un tándem perfecto, tienen su público fiel, y menos mal, porque para mi es la primera vez, y da cierta tranquilidad saber que son ellos, que a estas alturas no se embarcarían en algo en lo que no creyeran y les estimulará, quienes han sido los encargados de dibujarlo y colorearlo. Un honor.  

Vale la pena descubrir la figura de Mosén Bruno en el tebeo, pero... ¿Cuál es tu anécdota favorita?
Bueno, por importancia histórica la que le sitúa ayudando a cruzar la frontera al mismísimo General Prim, que sólo unos años después llegó a ser Presidente del Gobierno España. Épica y real. Las que más me sorprenden y divierten, porque dejan claro su asombroso ingenio, son las relacionadas con el contrabando. Pero tiene muchas y muy buenas anécdotas. Fíjate que una de sus facetas más recordadas es la exconjurar las tormentas para dirigirlas al pueblo vecino. Sin embargo, si tengo de quedarme con algo, por ser una expresión suya que uso mucho coloquialmente, opto por la anécdota del día de su ordenación como sacerdote. El obispo, conociendo sus desvaríos y fechorías como seminarista, se dirigió a él diciéndole: “Bruno, casi me pena haberte ordenado”, a lo que él le contestó: “¡Y lo que te penará, Ilustrísima, y lo que te penará!”. Toda una declaración de intenciones.  

Eres un creador siempre en movimiento. ¿En qué estás trabajando en la actualidad?
Aún colea la distribución del cortometraje ‘Descubriendo a Mosén Bruno’, ya que ha sido uno de los cuatro proyectos audiovisuales aragoneses por los que ha apostado el Gobierno de Aragón para seguir distribuyendo por festivales nacionales e internacionales a través de la plataforma film.aragon, así que probará suerte por el mundo por segundo año.Y acabo de estrenar ‘El director maldito’, una falso documental que narra la historia de un joven director de cine obsesionado por conseguir participar un día en el festival de cine local de sus sueños. Es un trabajo muy especial, que apenas presentado ya nos ha dado muchas cosas a todos los niveles, personal y artístico. Como colaboración estelar cuenta con Luisa Gabasa, pero han participado también personajes bien importantes del cine aragonés como Luis Alegre, Antón Castro, Jaime Fontán, o los directores Ignacio Estaregui, Gaizka Urresti, Miguel Ángel Lamata o Paula Ortiz, entre otros profesionales del sector.

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